mi centro de datos favorito es la biblioteca publica
PARTE II
21 DE AGOSTO DE 2026
el terremoto nos despertó y el fuego en nuestro departamento nos tiene en alerta permanente y encima de esto nos cayó una desgracia de gobierno peor que un Judas que no solo se vuelve en contra de su propio pueblo sino que nos quiere a las mujeres esclavizadas y amordazadas y ahora les niega el derecho a las niñas de ser nombradas y existir
yo estoy como la mayoría de quienes están leyendo este mensaje, escribiendo desde mi teléfono y gracias a que tengo una conexión a internet y todavía ojos para ver las cosas que todos están viendo, las noticias que nos llegan de todo el occidente del país y también del Catatumbo donde hay bombardeos y de las personas ayudando a mitigar los incendios...
al igual que ustedes he enviado ayudas en especies o en dinero a personas y entidades a sabiendas de que no va a solucionar nada pero que en algo ayuda, y aparte de todo esto me llega anoche una noticia que me entristece todavía más
y es que la Biblioteca Pública Municipal del Líbano se cerró luego del terremoto por daños en su estructura, sin mucha esperanza de que se vuelva a abrir porque no hay bolsillo que sostenga la reconstrucción de su techo que ya venía deteriorándose desde hace décadas ante la mirada pasiva de todos los que pasamos por ahí y nos beneficiamos de sus servicios.
Yo misma estuve ahí hace apenas unos meses y pasé por ahí como si nada y como que me pudo más la impotencia, pero anoche después de escuchar los que estaba pasando ya como que me desperté y volví a pensar que todavía podemos unirnos los autores libanenses a ver si con tanta creatividad que tenemos se nos ocurre algo para salvar el lugar que es no solo nuestro patrimonio histórico, sino también un lugar donde nos escuchamos y nos reconocemos y que nos de la esperanza de que algo se puede salvar,
escriban abajo con sus ideas y compartan esto a ver si hacemos una reunión, un facebook live o alguna cosa que se les ocurra,
un fuerte abrazo,
PARTE I
21 DE ABRIL DE 2026
LA CASA DE LA MEMORIA
Hace poco me hicieron una pregunta muy profunda que quizá requiera un ensayo o una tesis doctoral para poder ser respondida. La pregunta fue: ¿Es la poesía la casa de la memoria?
Luego de reflexionar por varias noches creo que sería más acertado decir que son los libros el lugar de la memoria y que la poesía es transversal a los libros y a la memoria.
Aunque por estos días siento como si la poesía fuera por un lado y los libros por otro. Pero ahora no importa, lo conversaremos en otro panel.
Entonces llego a la biblioteca pública municipal a recordar cómo empezó mi relación con los libros. En la casa había pocos o los que teníamos hacían parte del catálogo del círculo de lectores, una distribuidora de libros que hacía llegar al barrio ciertas
enciclopedias, de poesía, de literatura, de historia, de ciencia, de geografía. Me alegraba mucho la visita de Zuluaga, quien era nuestro distribuidor familiar y se esmeraba por hacernos entender a toda la familia la importancia de comprar esos libros, las ediciones eran muy coloridas, o de pasta dura y no se si es que en esa época los libros eran muy baratos pero mi mamá los compraba a cuotas y yo si los leía. De eso libros conocí a Julio Flórez y me convertí luego en una declamadora de izadas de bandera, también amé los libros de ciencias y el diccionarios de sinónimos y antónimos y los libros de botánica.
Como siempre viví tremendamente aburrida en la casa por ser una hija única y mis abuelos, que eran mis cuidadores no sabían leer ni escribir, cada vez que encontraba a alguien que tuviera una biblioteca medio decente en su casa me hacía súper amiga de esas personas. Hay algo entre la gente a quien le gustan los libros y es que se reconoce y se hace amiga. Y entonces esos papás y mamás de mis amigas y amigos de infancia me prestaron uno por uno los cuatro volúmenes del Quijote, luego cien años de soledad, luego la guerra y la paz, luego Ana Karenina, luego Crimen y castigo, luego la poesía de Lorca y así… también circulaba por esa época un magazín dominical dedicado a los poetas latinoamericanos y para mí no había mejor plan de domingo que leer y releer los poemas de César Vallejo y de Neruda hasta que me los aprendía de memoria.
Hace poco una persona me dijo que era muy inverosímil que la gente en un pueblo remoto en las montañas de Colombia hubiera podido leer a Marcuse, a Foucault a Bachelard a Hegel a Marx a Nietzsche. Pues todo esto circulaba también con toda la obra de Eduardo Galeano y Arturo Álape. Recuerdo que el libro que mi mamá me dio en cuarto primaria para la hora de lectura del colegio de las monjas fue Las venas abiertas de América Latina. Cuando terminé de leer ese libro no quise volver al colegio de las monjas. Creo que intuía lo difícil que sería la vida para una mujer en Latinoamérica si en lugar de dedicarme a aprender ciencias, matemáticas e idiomas seguía orando el rosario y los padrenuestros.
Yo iba a la biblioteca pública municipal a buscar tareas en libros que solo se conseguían allí, pero no fue sino hasta la adolescencia cuando empecé a atender talleres de teatro que empecé a ir con más regularidad a este lugar, también buscando una paz y un silencio que ya no había en mi casa, no por mi familia sino porque todos, incluida yo y los vecinos, nos acostumbramos a poner música a todo volumen y era muy difícil concentrarse. Pero igual, todavía habían noches y madrugadas para leer, en esas madrugadas me acompañó Gonzalo Arango con sus nadaistas que invadieron la ciudad como una peste y también Angelitos Empatanados de Andrés Caicedo y los Conciertos del desconcierto de nuestro paisano Manuel Giraldo-Magil, a quien intercalaba con Rubén Darío y con Martí.
En ese lugar de la memoria que son los libros recuerdo que me gustaba explorar los mamotretos de la parte baja de los anaqueles y me topé como a los catorce años con la Biología Molecular de Albertz traducida al español. No entendía mucho lo que leía pero algunos conceptos me resultaron fascinantes, el desafío de descifrar nuevos lenguajes. Me gustan los retos lingüísticos y creo que fue ahí donde decidí que estudiaría medicina. Aunque al llegar a la facultad en la Nacho en 1997 no recuerdo que nos dictaran clases de biología molecular y tuve que esperar hasta el 2016 en la UWA para asistir a clases verdaderas en esa área del conocimiento…
Ahora, lo que sí recuerdo de la facultad de medicina de la nacional es que el primer libro de texto de bioquímica que nos recomendaron estaba en inglés, y esto fue muy abrumador porque con mi inglés del colegio no iba a poder leer ese libro. Entendí que si quería sobrevivir en la carrera de medicina tenía que sentarme la misma cantidad de horas a estudiar inglés.
Así aprendí a reconocer que todo es lenguaje pero que para descifrarlo se requiere tiempo y atención.
Tiempo y atención que ahora me han sido devueltos a través de la poesía.
De esto y más cosas hablaremos hoy, martes 21 de abril del 2026 en la biblioteca pública municipal del Líbano Tolima. Casa de la memoria.
Gracias por leerme
Ver menos
No hay comentarios:
Publicar un comentario